La eterna lucha entre el bien el Bien y el Mal

Reflexiones sobre la ley y la realidad social

Los-Miserables-03Tuvimos la oportunidad de asistir al musical “Los Miserables” del insigne Víctor Hugo, clásico entre los clásicos, con libro y música del reconocido Claude-Michel Schönberg en el Palau de les Arts de Valencia. Quedamos impresionados por la calidad de los actores que no pararon de cantar durante las dos horas y media que duró la obra y cuya actuación hizo pasar el tiempo como un suspiro.

Las voces abrazaban a un público entregado, en un teatro, el de las Artes, en el corazón de la ciudad de las artes y las ciencias de Valencia, que tiene algo de Gaudí. El encuadre de las escenas es sublime, se suceden entre barítonos y sopranos a una velocidad de vértigo, como una colección de cuadros de Delacroix.

Los-Miserables-01Gajes del oficio, no pudimos dejar de ver la dimensión jurídica de esta obra de Víctor Hugo, que, sin desvelar grandes interrogantes, se centra en la eterna dicotomía del bien y del mal. Obsesión de legisladores.

Los dos protagonistas antagonistas se encuentran con los dilemas tan socorridos por los autores decimonónicos: El policía que cumple “la ley” en tiempos de paz, y que, a posteriori, queda en manos del delincuente, juez a la sazón en tiempos de guerra. ¿Qué es lo correcto? ¿Es lícita la actitud del policía, o la del delincuente? ¿Está justificado robar para comer? ¿Es lícito perdonar una vida -indultar- una vez condenado por un tribunal popular?

Los-Miserables-02La ley debe regular la realidad social, y, casi siempre, la realidad corre más que las leyes. En el musical de ayer vimos como esa “realidad social” está marcada por la Providencia, que, de una forma más evidente, se aprecia en la fabulosa obra de Alejandro DumasEl Conde de Montecristo”, un poco más temprana que la de Víctor Hugo, y también extraordinaria.

Al leer la prensa hoy, uno se da cuenta de que, por desgracia, muchos personajes se toman la ley por su mano sin que aparezca por ningún lado la marca de la Providencia. Parece que esta realidad social ni es lícita ni tiene justificación, pero, como cantaron los actores ayer, “el futuro empieza hoy”.