Beneficios de un mediador en los conflictos de pareja

Uno de los aportes de la mediación en la resolución de problemas de pareja es “evitar males mayores” porque las partes en conflicto al recurrir al mediador pueden intentar con su ayuda volver a tener un trato  franco y positivo. Esa es precisamente una de las funciones del mediador, quizás la más determinante. Pero como el mediador no solo es un consejero sino que nos permite resolver las controversias atendiendo al marco legal, también recogerá  las voluntades de la partes en un acuerdo que se llama Acta.

Personalmente como mediador suelo recomendar que la pareja decida sobre el futuro de aquellos aspectos mas sensibles en una desavenencia. Por ejemplo, uno de los puntos que generalmente requieren de la asistencia de un mediador es la propiedad de los bienes y siempre es mejor tratarlos con la ayuda de un profesional que vela por no incrementar el conflicto, que dirimir el problema frente a un juez, en una instancia siempre mas fría y distante.

Al elaborar el Acta los acuerdos establecidos mediante consenso tienen en realidad la fuerza de un Contrato. En el caso en que la pareja hubiera tomado la determinación acordada de terminar con la convivencia de forma definitiva, está bien que cuenten con el Acta. Incluso, para generar confianza mutua y tener más garantías,  pueden exponer sus objetivos en un documento denominado Convenio Regulador el cual será homologado judicialmente por un abogado.

Mi experiencia me dice que siempre que la pareja en conflicto se involucra en un proceso judicial las relaciones tienden a incrementar su negatividad, todo se complica y surgen pasiones que podrían ser evitadas. A esto que se agrega frecuentemente el hecho de que en el medio del conflicto estará la visón de Abogados, Procuradores y un Juez, presencias que generalmente someten los ya de por si controvertidos problemas de la pareja, a los vaivenes de las opiniones externas y a la estructura normativa del aparato judicial.

Esta es la razón principal por la que recomiendo recurrir a la asistencia conciliadora de un mediador, cuya visón trabajará siempre en haras de la concordia o al menos nos ayudará a gestionar de forma satisfactoria el conflicto, antes de involucrarnos en el farragoso mundo judicial.