LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN EN LAS FALLAS DE VALENCIA

El rapero Pablo Hásel, por publicar 64 tuits, ha sido condenado a 2 años de prisión. Cuenta con antecedentes y ha recurrido al Tribunal Supremo. Con cierto asombro vimos cómo Valtonyc, otro rapero mallorquín, ha visto confirmada la Sentencia por el Atlo Tribunal a 3 años y medio de prisión por injurias graves a la Corona… La retirada de la obra en A.R.C.O. del polémico Santiago Sierra, sobre los “presos políticos”, ha precipitado su venta y adquisición por el empresario Tatxo Benet, quien la cede al museo de Lérida para su exposición pública; colección no exenta de polémica.

Todas estas cuestiones dan contenido a la famosa Sentencia del Tribunal Constitucional 2/82, de 29 de Enero, que centró las bases del actual debate: los derechos fundamentales no son ilimitados. No podemos hacer, ni decir, lo que nos venga en gana cuando atravesamos las líneas rojas protegidas por otros derechos fundamentales, como el honor o la propia imagen. Podremos estar a favor o en contra del lugar exacto donde ubicar esa frontera, pero es claro que la libertad de expresión debe ceder en pro de otros derechos fundamentales. No todo vale.

 

No podemos hacer, ni decir, lo que nos venga en gana cuando atravesamos las líneas rojas protegidas por otros derechos fundamentales.

 

En Valencia, el ejercicio fallero comprende desde el 20 de marzo al 19 del mismo mes del siguiente año, finalizando con la tradicional “Cremà”, según el artículo primero del Reglamento Fallero de 20 de Febrero de 2002. Es decir, al día siguiente de quemar las fallas, los valencianos se ponen a trabajar duro para que, en honor a la festividad de San José, se levanten al año siguiente esos fantásticos monumentos de cartón – piedra que satirizan nuestra sociedad y sus miserias con humor ácido y fina ironía.

¿No es ésta una manifestación colectiva de la libertad de expresión digna de elogio? Es preferible la crítica o cuestionar la honorabilidad de quienes nos representan institucionalmente sin llegar a vejar, a enaltecer el odio o a infamar. Es mucho más efectiva una crítica que nos levante una sonrisa que presenciar el insulto que nos deja mal cuerpo.

Después de levantar un monumento que ironiza sobre todo lo que nos rodea, que cuesta mucho dinero y esfuerzo, los valencianos, lejos de guardarlo para el recuerdo, lo quemamos; porque las miserias, individuales o colectivas, deben quedar en cenizas, y todos debemos darnos una oportunidad para renovarnos, para lavarnos la cara y volver a levantarnos, porque todos los 20 de marzo sale el sol.

Fdo. David-Juan López Ortega. Socio HDH ABOGADOS.